Con su silueta de postal, su torre reloj que domina los andenes y sus fachadas con entramado de madera, esta estación contrasta con la imagen habitual de las estaciones de la periferia. Heredera de las grandes transformaciones ferroviarias de entre guerras, conserva un encanto singular que transporta a los viajeros a otra época, mucho antes de los trayectos diarios y de las pantallas informativas.