Durante mucho tiempo reservados a los iniciados, los clubes de juego parisinos están experimentando un auténtico lavado de cara. Desde hace unos años, una nueva generación se abre paso por sus puertas: treintañeros urbanos, jóvenes profesionales curiosos por descubrir el póquer en vivo o las emociones del blackjack, parejas en busca de una noche original... Atrás queda el ambiente estirado, sustituido por locales más cálidos, accesibles y, sobre todo, divertidos. Tres direcciones destacan entre la multitud: Club Barrière, Club Pierre Charron y Club Circus.