En París, conocemos los grandes restaurantes, los bares de interés, los teatros, los rooftops y las direcciones nocturnas. Pero existe otra manera de vivir la ciudad: cruzar la puerta de un club de juegos. Una experiencia aparte, entre casino urbano, salón privado, mesa de póker, restaurante nocturno y una pausa fuera del tiempo.
Probar un club de juegos al menos una vez en la vida no es solo apostar en las mesas verdes. Es descubrir un universo codificado, fascinante, a veces espectacular, donde se observa tanto como se juega. En estos establecimientos reservados a mayores, la entrada se realiza presentando una identificación. Una vez dentro, el ruido de la ciudad desaparece. Llega el turno a las cartas, a las fichas, a los crupieres y a esa tensión tan particular que nace alrededor de una mesa.