Dirigido por Éric Besnard, este drama histórico cuenta con la participación de Grégory Gadebois, Bernard Campan, Alexandra Lamy e Isabelle Carré. Distribuida por Warner Bros. Pictures, la película se estrena en los cines franceses el 19 de noviembre de 2025 y revisita los orígenes del personaje creado por Victor Hugo.
La historia explora la salida de Valjean del presidio en 1815. Rechazado por la sociedad, encuentra refugio en un hombre de la Iglesia y sus allegados. Esta ayuda inesperada le lleva a reevaluar su trayectoria. El recorrido del personaje gira en torno a la reparación y la elección de una nueva identidad.
La película sigue el vagabundeo del protagonista, enfrentado a la hostilidad del entorno. La acogida que recibe en esta casa marca un punto de inflexión, obligándole a medir el impacto de sus actos pasados y a plantearse un camino guiado por la confianza y la solidaridad.
La película está coproducida por Radar Films, Mediawan y France 3 Cinéma. El proyecto cuenta con el apoyo del CNC, así como de la Región Provenza-Alpes-Costa Azul y del Departamento de Vaucluse. El rodaje tuvo lugar en varios municipios del sur de Francia. Éric Besnard vuelve a reunirse aquí con Grégory Gadebois, que ya participó en Délicieux. La distribución internacional corre a cargo de Ginger & Fed.
El tono privilegia un enfoque dramático centrado en los dilemas morales. La historia está dirigida especialmente al público interesado en las adaptaciones literarias, los retratos de personajes y las películas basadas en una reconstrucción histórica. Los temas abordados son el perdón, la injusticia social y la transformación personal.
Jean Valjean
Película | 2025
Estreno en cines el 19 de noviembre de 2025
Drama histórico | Duración: por confirmar
Dirigida por Éric Besnard | Con Grégory Gadebois, Bernard Campan, Alexandra Lamy
Título original: Jean Valjean
Países: Francia
Jean Valjean, dirigida por Éric Besnard, reúne a Grégory Gadebois, Bernard Campan, Alexandra Lamy e Isabelle Carré para revisitar los dos primeros libros de la novela de Victor Hugo, «Un justo» y «La caída». Al optar por una adaptación más concisa —desde la salida de la prisión hasta el encuentro decisivo con el obispo Myriel—, Besnard no pretende competir con las grandes epopeyas de Hugo, sino remontarse a los orígenes mismos del personaje. De este modo, firma una película modesta en cuanto a medios, pero ambiciosa en su intención: la de filmar el momento en que un hombre destrozado decide renacer.
Desde el principio, « Antes de que hubiera un héroe, había un hombre, un miserable », se marca la pauta. La película privilegia un enfoque íntimo, centrado en la redención,la exclusión social y la posibilidad del perdón. En este sentido, se inscribe plenamente en la herencia de Hugo. La fotografía, dominada por la «grisalla mineral» evocada por varios críticos, nunca es un simple manierismo: traduce la dureza de un mundo en el que las injusticias y los miedos parecen incrustados en la roca. La imagen, austera pero trabajada, ofrece una atmósfera que da a la historia un anclaje casi físico. La influencia reivindicada del western se refleja en la soledad del protagonista, una silueta pesada que avanza en un paisaje que lo aplasta como un horizonte moral.
También encontramos una fidelidad asumida a la letra de Hugo, con una voz en off muy presente, digresiones temporales y una estructura fragmentaria. Esta elección puede parecer académica para algunos, pero también constituye uno de los puntos fuertes de la película: en lugar de simplificar o modernizar en exceso, Besnard prefiere dejar entrever la música de la prosa original, confiando a sus imágenes la misión de encarnarla más que de reinventarla. El resultado no siempre es perfectamente fluido, pero predomina la coherencia del conjunto, dando la impresión de un relato que avanza con seriedad y respeto.
En el centro de la película, Grégory Gadebois impresiona por su capacidad para hacer palpable el peso interior de Valjean. Su interpretación, sólida pero sensible, ofrece varios momentos de gracia, especialmente en los silencios en los que se percibe la batalla moral que se libra. Bernard Campan aporta una sencillez amable al obispo Bienvenu, un papel en el que capta su humanidad esencial; por su parte, Isabelle Carré destaca por una delicada presencia que aporta al filme unos respiros muy bienvenidos. Si bien el reparto en su conjunto no siempre está a la misma altura, todos parecen guiados por la misma voluntad de encarnar los personajes en lugar de sobreactuar.
Donde Jean Valjean convence sobre todo es en su capacidad para reinscribir el mito en una trayectoria profundamente humana. La escena en la que Valjean afirma: «No creer en la virtud del agua bendita, en la maternidad de una virgen, en la resurrección de un torturado con una corona de espinas, no es sin embargo no creer», resume por sí sola la filosofía de la película: una búsqueda moral, no dogmática, en la que el hombre se redefine a través de sus actos. El final, marcado por las palabras « La historia de un hombre no es solo la historia de un hombre, es también la de aquellos con los que se encuentra », culmina esta dimensión universal sin caer nunca en la grandilocuencia.
Por supuesto, no todo es perfecto: algunas decisiones de dirección son demasiado prudentes, algunas transiciones carecen de amplitud y la austeridad visual puede parecer repetitiva. Pero, en general, Jean Valjean alcanza una rareza poco común, la de una película que prefiere la sinceridad a la desmesura. Se dirige sobre todo a los espectadores sensibles a las adaptaciones fieles, a los dramas introspectivos y al poder discreto de las historias de transformación. Quienes busquen un aliento más épico quizá se mantengan al margen, pero quienes acepten sumergirse en este ritmo contemplativo saldrán enriquecidos.
Esta relectura del recorrido inicial de Valjean pone de relieve su evolución interior y los encuentros que condicionan su trayectoria.
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