Durante mucho tiempo vistos como espacios exclusivamente dedicados al entretenimiento, los clubes de juego parisinos han evolucionado profundamente en los últimos años. Entre el póker, el blackjack, restaurantes que abren hasta altas horas y zonas de convivencia, ahora atraen a una clientela que va mucho más allá del perfil de los jugadores. Emprendedores, directivos, comerciantes, profesionales liberales o inversores se cruzan allí con frecuencia, convirtiendo a algunos establecimientos en auténticos lugares de encuentro e intercambio.