


En París, Manon Valtier convierte el osito de peluche en una suave y deliciosa nube de malvavisco, ese recuerdo de infancia, en una experiencia artesanal única. Su tienda-taller invita a los golosos a perfeccionar el arte del baño y el recubrimiento, para que puedan ponerse en la piel de un confitero durante una dulce parada.