


A pocos pasos de Roland-Garros, lejos de los sitios ostentosos y de las mesas para influencers, L'Auberge des Crus cultiva el arte del bistrot parisino como se cuida una gran tradición familiar. Una casa cálida, seria sin resultar rígida, a la que se acude tanto por la bodega como por una cocina francesa generosa y bien ejecutada.