


Invisible desde la calle, hay que saber que existe para poder encontrarla. Oculta en el primer piso de la Maison de la culture arménienne, esta cantina familiar lleva años cultivando una cocina simple, generosa y profundamente auténtica. Más que un simple restaurante, es una inmersión en la hospitalidad armenia, llevada por una pareja tan apasionada como encantadora.