Seis plazas, un mismo objetivo: más verdes, más tranquilas y más hermosas. Es la promesa del nuevo alcalde socialista de París, Emmanuel Grégoire, que se ha comprometido a transformar la place de la Concorde (VIIIe), la la place d'Italie (XIIIe), el Trocadéro (XVIe), Stalingrado (XIXe), la Gambetta (XXe) y la place de la République (IIIe, Xe, XIe). Un proyecto ambicioso, en continuidad con el trabajo iniciado bajo Anne Hidalgo, pero con la voluntad de evitar ciertos errores del pasado.
Desde hace algunos años, la ciudad de París multiplica las transformaciones urbanas para reducir la presencia del coche, plantar árboles y mejorar la calidad de vida de los habitantes. Bajo la alcaldía de Hidalgo, una docena de plazas ya han sido reformadas: la selva urbana de la Hôtel de Ville, la revalorización de la fuente Daumesnil, o la reciente renovación de la place du Colonel Fabien, en el 10ᵉ. Obras que a veces han generado controversias, especialmente en torno a la Bastilla, cuya nueva circulación sigue dividiendo opiniones, o de Gambetta, ya reformada en 2019 y, sin embargo, de nuevo en el calendario de obras.
Para cada una de las seis plazas seleccionadas, empiezan a perfilarse orientaciones. Le Parisien ofrece un panorama de lo que se baraja. En la plaza de la Concorde, se habla del retorno de los fosos, una idea que la volvería a su estado original. El Trocadéro sería, por su parte, parcialmente peatonalizado, para poder disfrutar más de la vista de la Torre Eiffel sin competir con el tráfico. En la plaza d'Italia, circula la hipótesis de retirar los adoquines, para un suelo más practicable. Stalingrad ganaría en respiración abriéndose más hacia el bassin de la Villette, lo que le devolvería un vínculo fuerte con el canal. Por último, Gambetta y République, ya remodeladas en 2013, deberían ganar ambas en vegetación, una expectativa fuerte de los vecinos desde hace años.
La cuestión se plantea con toda legitimidad. París acumula experiencia, pero también valoraciones mixtas por parte de los habitantes. Emmanuel Grégoire afirma querer extraer las lecciones de mandatos anteriores para no repetir los mismos errores. Concretamente, esto pasa por una concertación más amplia con los vecinos y las asociaciones de barrio, y una atención especial a la fluidez de los desplazamientos, a pie y en bicicleta. Porque si el fondo permanece igual (menos coches, más verdor), la forma debe evolucionar para ganar el respaldo de los parisinos.
Estos proyectos forman parte de una visión global del París de mañana, donde los espacios públicos recuperan su función de vínculo social tanto como de paso. Queda aún por escribirse una hermosa página de la historia urbana de la ciudad, y seguiremos de cerca estas obras.
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