Una imagen con bordes negros alrededor en el cine no implica necesariamente un fallo. El formato de la imagen y el del proyector pueden no coincidir. Para conservar todo el encuadre sin deformar a los personajes ni los decorados, la proyección no siempre ocupa toda la pantalla.
El formato se define por la relación entre anchura y altura, llamada relación de aspecto. Una imagen con una relación 2,39:1 es 2,39 veces más ancha que alta. A igual altura, es más ancha que una imagen en 1,85:1. La CST propone guías de encuadre para estas dos proporciones, pero también para 1,33:1, 1,37:1 o 1,66:1: no existe una única forma de imagen cinematográfica.
Imaginemos un marco con relación de aspecto 1,85:1 recibiendo una imagen en 2,39:1. Si se mantiene toda la anchura de la imagen, ésta ocupará menos altura que la pantalla, dejando franjas en la parte superior e inferior. Por el contrario, una imagen más estrecha, proyectada en una pantalla muy amplia, puede dejar espacio en los lados. Esta diferencia se debe a las proporciones, independientemente del tamaño de la sala.
Llenar toda la superficie a toda costa cambia el problema. Ampliar la imagen hasta hacer desaparecer esos huecos puede recortar una parte; estirarla en un solo eje distorsiona sus proporciones. En un artículo dedicado al CinemaScope, el BFI recuerda el papel de las franjas negras para conservar las composiciones al pasar a una pantalla de otro formato.
Los ajustes de proyección siguen siendo fundamentales. El guía técnica CST-FNCF distingue entre los ajustes de la lente y los cambios de formato. Las plantillas de la CST delimitan, por su parte, el campo de imagen a proyectar. Por tanto, la referencia adecuada es respetar el encuadre previsto: la mera presencia de áreas negras no basta para concluir que hay un fallo de proyección.
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