Mucho antes de que las pistas de hielo artificial se instalaran en la capital en diciembre, los lagos del Bosque de Boulogne ofrecían a los parisinos un escenario mágico para deslizarse en patines. Durante los inviernos más duros, el agua se congelaba formando una superficie lisa que se convertía en un punto de encuentro tan popular como elegante. En aquella época, la escena forestal, ya transformada en el siglo XIX por Napoleón III para ofrecer un refugio verdes a los urbanos, mostraba una cara completamente distinta en invierno. El lago inferior, y a veces el lago superior, se convertían en el escenario ideal para estas aventuras heladas.
Cuando el hielo había alcanzado la dureza adecuada, los periódicos anunciaban la apertura de la temporada de patinaje. Y allí acudía toda una parte de la sociedad parisina: familias, jóvenes elegantes, niños llenos de entusiasmo. Algunos buscaban demostrar sus habilidades técnicas, mientras que otros simplemente disfrutaban del espectáculo.
El patinaje sobre los lagos del Bois de Boulogne no era solo una actividad recreativa. Se convertía en un auténtico evento de temporada. En algunos años, se organizaban festivales con farolillos, música y una multitud entusiasta. Una atmósfera invernal, llena de vida y calidez, donde se combinaban deporte, ocio y convivencia.
Esta tradición del patinaje sobre hielo en madera no pasó desapercibida para los artistas. Pierre-Auguste Renoir, en particular, capturó esa atmósfera singular en un cuadro de 1868 titulado "Los Patinadores en Longchamp", que representa a patinadores en el Bois de Boulogne. La obra refleja cómo estas prácticas invernales estaban arraigadas en la imaginación parisina, en una época en la que las estaciones marcaban profundamente los ritmos de la ciudad.
Entre les amateurs de glisse rassemblés au Bois de Boulogne, certains faisaient partie d’un groupe plus structuré : le Cercle des Patineurs. Créé à la fin du XIXe siècle, ce club rassemblait les passionnés les plus fervents, souvent issus de la haute société parisienne. Leur patinage y était sophistiqué, presque chorégraphie, s’inspirant des codes de la danse pour des figures harmonieuses. Lors des hivers plus gelés, les membres se retrouvaient en costumes élégants, parfois en uniforme, pour exécuter des figures élaborées sur la glace. Leur présence apportait une touche mondaine à ces journées glaciales, faisant du Bois de Boulogne un lieu où loisir et vie sociale se mêlaient en hiver, transformant le lieu en une véritable scène sociale hivernale.
Hoy en día, sería impensable patinar sobre los lagos del Bois de Boulogne. Los inviernos ya no son tan fríos, el hielo no soporta, y las normas de seguridad prohíben adentrarse en ellos. El cambio climático, junto con la transformación de los entretenimientos urbanos, ha puesto fin a esta tradición.
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