Cuando llega el invierno y los estanques se cubren de hielo y nieve, muchas personas se preguntan: ¿sobreviven los peces? La respuesta es tranquilizadora: sí, pero siempre que se cumplan ciertas condiciones.
El hielo se forma en la superficie porque el agua alcanza su máxima densidad a 4 °C. El agua más fría se mantiene en capa superior y se congela, mientras que la más profunda permanece líquida. Bajo la capa de hielo, la temperatura es estable, generalmente entre 2 y 4 °C. Esta estabilidad permite a los peces reducir su metabolismo y entrar en un periodo de reposo invernal, un auténtico entierro acuático.
Los peces se vuelven casi inmóviles, consumen muy poca oxígeno y apenas comen. Las especies locales — como las carpas, los gardons, los lucios y las tanches — están perfectamente adaptadas a estas condiciones. La nieve y el hielo no afectan directamente a los peces, ya que viven bajo la capa de hielo, en el agua líquida.
El principal riesgo en invierno no es el frío, sino la hemorragia por asfixia bajo el hielo. Una capa gruesa de hielo y nieve bloquea la luz, impidiendo que las plantas acuáticas realicen la fotosíntesis. Al mismo tiempo, la descomposición de materia orgánica consume oxígeno. En estas condiciones, especialmente en charcos poco profundos (menos de 60-80 cm) o muy ricos en barro, hojas y algas, puede ocurrir mortalidad invernal.
Siguiendo estos sencillos consejos, sus peces podrán pasar el invierno en un estanque helado de forma segura.
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