A la sombra de su vecina rosada que acapara toda la luz, el número 4 de la rue de l'Abreuvoir esconde sus secretos tras el vuelo inmóvil de dos guardias imperiales. Protegida por dos águilas majestuosas, se oculta una historia imperial que ni siquiera los turistas sospechan.
Sin embargo, su alma le fue insuflada por su ocupante más célebre: Henry Lachouque (1883-1971), a quien una placa rinde homenaje en la fachada de la casa. Historiador de renombre, oficial y gran especialista apasionado de Napoleón I, pasó gran parte de su vida estudiando la Grande Armée. Fue él quien, en 1924, convirtió esta casa de la rue de l'Abreuvoir en un auténtico monumento a la gloria de el Imperio.
La fachada es un catálogo de símbolos históricos. Por supuesto, ahí se encuentran las águilas que le dan su nombre e incluso un cartel que se balancea al compás del viento, ostentando el águila imperial. En cuanto al reloj solar bien visible desde la altura, es un gallo esta vez, que espera que el Sacré-Cœur vecino haga sonar sus campanas.
La propia arquitectura, rústica con su fachada de piedra y entramado de madera, contrasta radicalmente con las casas del pueblo de los alrededores, como la famosa Maison Rose a pocos pasos. No obstante, no esperes cruzar el umbral: la vivienda es una propiedad privada y no cabe duda de que su interior esconde tantos tesoros como el exterior. ¿Te atreves a enfrentarte a la mirada penetrante de estas águilas imperiales, que parecen seguir cada uno de tus movimientos?
Si empujas un poco más el paseo, te toparás con el busto de Dalida o con la alameda de las Brumas, lugares que cuentan una faceta completamente distinta de Montmartre, más bohemia y melancólica.



























