Maurice Auguste Chevalier nace en la rue du Retrait, en el 20º distrito de París. Su padre, Víctor Chevalier, era pintor de edificios; su madre, Joséphine Van Den Bossche, trabajaba como pasamanera. Maurice la llamará toda su vida 'la Louque' y le profesará un profundo afecto. La familia se traslada después al 15, rue Julien-Lacroix, en Ménilmontant, donde el futuro cantante pasará gran parte de su infancia.
El barrio juega un papel importante en su historia. A finales del siglo XIX, Ménilmontant sigue siendo profundamente obrero, habitado por artesanos y atravesado por pequeñas calles donde los bailes y los cafés-conciertos participan plenamente de la vida popular. Belleville y Ménilmontant poseen su propia cultura del espectáculo: cantantes, cómicos, acróbatas y 'cuentistas' se presentan ante públicos reconocidos por su exigencia.




Con la familia Chevalier, la infancia fue difícil. Su padre, alcohólico, abandona el hogar y Joséphine debe criar a sus hijos en condiciones precarias. Maurice deja pronto la escuela y desempeña varios pequeños oficios para contribuir a los ingresos familiares. Trabaja, sobre todo, en una fábrica de chinchetas, muy lejos del smoking y de los escenarios internacionales que le esperan.
El espectáculo ya le fascina. Primero sueña con ser acróbata, y luego se orienta hacia la canción. A fines de 1900, con apenas 12 años, prueba sus primeras actuaciones en escena. Los comienzos no son fáciles: imita a los artistas que admira, experimenta con personajes cómicos y, a veces, recibe las reacciones feroces de las salas populares. Poco a poco aprende a observar al público y a construir su propio número. Un primer compromiso remunerado le permite, al fin, abandonar los pequeños oficios: el chico de Ménilmontant se convierte en artista profesional.




Su ascenso lo llevó de los cafés-conciertos a las grandes salas parisinas. En 1909 aparece en las Folies Bergère, donde pronto conoce a Mistinguett, una inmensa vedette del music-hall. A partir de 1911, forman una pareja tanto en el escenario como en la vida. A su contacto, Chevalier afina su personaje: menos caricatura, más elegancia, una dicción reconocible y esa manera de mezclar palabra y canto que se convertirá en su firma.
La Primera Guerra Mundial interrumpe brutalmente su ascenso. Movilizado en 1914, Maurice Chevalier resulta herido y después es prisionero durante los combates de Cutry. Enviado al campo alemán de Altengrabow, allí permanece más de dos años y aprende, entre otras cosas, inglés, de la mano de un compañero de cautiverio británico. Esta habilidad le sería especialmente útil una década más tarde.




Después de la guerra, Chevalier retoma su carrera y se convierte en una de las grandes figuras del music-hall parisino de los años 1920. Es entonces cuando se fija la imagen que todavía hoy se recuerda: la sonrisa, el smoking, el acento deliberadamente marcado y, sobre todo, el canotier ladeado sobre la cabeza. Canciones como Dans la vie faut pas s'en faire o Valentine consolidan su popularidad. Este personaje de parisino seductor parece espontáneo; en realidad está cuidadosamente construido.
A finales de los años 20, la llegada del cine sonoro le abre una nueva carrera. Chevalier posee exactamente lo que buscan los estudios: sabe actuar, cantar y hablar inglés. Partió a Estados Unidos en 1928 y se convirtió en una de las primeras grandes estrellas francesas de Hollywood. Bajo la dirección de Ernst Lubitsch, rodó, entre otras cosas, The Love Parade en 1929, que le valió una nominación al Óscar al mejor actor.




El niño de Ménilmontant ya es una estrella internacional. Hollywood explota su acento, su sonrisa y su personaje de francés galante; Chevalier, él, comprende a la perfección la fuerza de esa imagen y juega con ella durante décadas. Su trayectoria, sin embargo, atraviesa zonas más complejas.
Durante la ocupación, sus actividades en Francia y ciertos servicios, especialmente ante prisioneros franceses en el campo de Altengrabow en 1941, le valieron tras la Liberación acusaciones de colaboración. Su comportamiento fue examinado, pero finalmente no se le dictó ninguna condena por colaboración. Este episodio, no obstante, seguirá siendo una de las páginas más discutidas de su biografía.




Chevalier continúa una carrera internacional. En 1957, Billy Wilder lo dirige en Ariane, junto a Audrey Hepburn y Gary Cooper. Al año siguiente, participa en Gigi de Vincente Minnelli, un gran éxito galardonado con 9 Oscars. En 1959, la Academia le concede un Óscar de Honor por su contribución al mundo del espectáculo durante más de medio siglo.
A pesar de Hollywood y la fama mundial, Ménilmontant sigue siendo una pieza central del relato que Maurice Chevalier hace de sí mismo. El barrio le dio un origen, una lengua y esa identidad de 'chico del Este parisino' que seguiría cultivando incluso cuando se convirtió en uno de los artistas franceses más conocidos en el extranjero.




Su trayectoria cuenta también una transformación espectacular de la cultura popular. Al empezar, el café-concierto dominaba el ocio parisino y el cine era mudo. Al finalizar su trayectoria, la televisión ya había entrado en los hogares y Hollywood lleva tiempo fabricando estrellas mundiales. Maurice Chevalier muere el 1 de enero de 1972, a los 83 años, y es enterrado en Marnes-la-Coquette, en los Hauts-de-Seine (92) junto a su madre, 'la Louque'.
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Fechas y horario de apertura
El 12 de septiembre de 2026
Ubicación
Plaza de Ménilmontant
75020 Paris 20



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