El paleontólogo con sombrero de fieltro y el inspector de mirada helada ya no volverán a nuestras pantallas. Sam Neill, inmensa figura del cine neozelandés y australiano, falleció a los 78 años este lunes 13 de julio de 2026 en Sídney, Australia. Es su familia la que anunció la noticia en un comunicado publicado en la cuenta de Instagram del actor, precisando que estaba rodeado de los suyos.
El texto, firmado por sus seres queridos, habla de una desaparición soudaine et inattendue, ocurrida mientras el actor seguía en remisión completa de su cáncer. La familia agradece al personal del St Vincent's Private Hospital de Sydney por su atención y solicita que se respete su intimidad.
La noticia fue confirmada esta mañana por los medios internacionales. En Nueva Zelanda, los homenajes se multiplican, empezando por el del primer ministro, quien elogió a un hombre que enfrentó la enfermedad con la dignidad y ese humor seco e irónico que caracterizaba sus interpretaciones.
Una generación entera de espectadores no lo conoció como cazador de dinosaurios, sino como un policía despiadado. En Peaky Blinders, la serie de Steven Knight que se emite desde 2013, Sam Neill encarna al inspector Chester Campbell, un policía norirlandés enviado por Winston Churchill para limpiar las calles de Birmingham y recuperar unas armas robadas.
Frente a Cillian Murphy (Tommy Shelby) y a Helen McCrory (Polly Gray), él da vida a un personaje estremecedor: un hombre que cree estar del lado bueno y que resulta sádico, hipócrita y manipulador. Sus monólogos, marcados por una dicción lenta y una cortesía empalagosa, han quedado grabados en la memoria de los fans. Los espectadores franceses lo descubren con la voz de Féodor Atkine, lo que no mitiga en nada la amenaza.
El personaje abandona la serie al final de la segunda temporada, en 2014 (atención, spoiler ligero), abatido por Polly en una cabina telefónica. Steven Knight reveló que tuvo que llamar él mismo al actor para darle la mala noticia: Sam Neill, fanático de la serie, no quería irse. De hecho, seguirá hablando de ello con afecto e, incluso, acudirá a saludar a los fans durante el festival dedicado a la serie en Birmingham.
Las seis temporadas de Peaky Blinders siguen disponibles en Netflix, así como la película Peaky Blinders: El Inmortal, estrenada en marzo de 2026 con Cillian Murphy y Barry Keoghan. Una buena manera de volver a ver a Sam Neill en un registro que el gran público no le conocía bien.
Nacido como Nigel John Dermot Neill en 1947 en Omagh, Irlanda del Norte, creció en Christchurch, Nueva Zelanda, adonde se trasladó su familia cuando tenía siete años. Niño muy tartamudo, se refugió en el silencio hasta hallar su voz entre las tablas de la Universidad de Canterbury.
El público francés lo descubrió en 1981 en Possession, de Andrzej Żuławski, junto a Isabelle Adjani, premio a la interpretación en Cannes por esa película vertiginosa. Pero es 1993 lo que lo cambia todo: es a la vez el Dr. Alan Grant de Jurassic Park, de Steven Spielberg, y el inquietante Alisdair Stewart de La lección de piano, de Jane Campion, Palma de Oro ese mismo año.
Entre taquillazos y cine de autor, nunca se decantó por ninguno. Se le ve en Calma blanca frente a Nicole Kidman, en En la boca de la locura de John Carpenter, en La caza del Octubre Rojo, en El hombre que susurraba a los caballos, y luego en la televisión en Los Tudor y Merlín. En su día se barajó la posibilidad de suceder a Roger Moore como James Bond, pero finalmente dejó el smoking a Timothy Dalton.
Desde 2023, Sam Neill habló abiertamente de su cáncer de sangre, un linfoma en estadio III, en memorias divertidas y lúcidas que evitaban el patetismo. En abril pasado, anunció que sus pruebas no mostraban rastro alguno de la enfermedad, tras un ensayo clínico de terapia celular CAR-T, y desde entonces abogaba por un acceso más amplio a este tratamiento.
Su familia no ha comunicado las causas precisas de la muerte, limitándose a indicar que no estuvo relacionada con una recaída del cáncer. Vignerón apasionado en Otago, cultivaba un arte singular: nunca tomarse demasiado en serio a uno mismo, aunque sí tomaba su oficio muy en serio.















