En un recodo de la división 29ᵉ de Père-Lachaise, oculta entre las tumbas, se entrelaza una curiosa estructura: un montón de rocas musgosas, talladas sin artificio, rematadas por un pequeño telégrafo de hierro. Se trata de una de las tumbas más insólitas del cementerio, la de Claude Chappe. Pero, ¿cuál es el secreto que esconde esta extraña tumba?
Nacido en 1763, Claude Chappe fue un abad convertido en inventor. Su nombre se olvida a menudo, pero fue el padre de la primera red de comunicaciones a larga distancia: el telégrafo óptico. Ya en 1794, sus brazos articulados encaramados a torres transmitían mensajes codificados entre París y Lille en menos de dos horas. En una época en la que no había electricidad, esto supuso una revolución técnica y política. El sistema fue adoptado por la República para transmitir órdenes militares en tiempo real. Claude Chappe se convirtió en un auténtico héroe de las comunicaciones antes del alambre.
Chappe fue enterrado inicialmente en el cementerio de Vaugirard (hoy en desuso). Cuando el cementerio quedó en desuso, sus restos fueron trasladados a la tumba de su hermano en Père-Lachaise, junto con esta característica estela de roca. La masa de roca rugosa e irregular puede interpretarse como una metáfora de los obstáculos. En su afán por conseguir la aceptación del telégrafo óptico, Chappe tuvo que enfrentarse al escepticismo de los científicos, a la lentitud de la burocracia y a los desafíos técnicos... Tal vez estas rocas representen el camino sembrado de escollos que tuvo que escalar.
En lo alto del monumento, el telégrafo óptico en miniatura representa la culminación de su trabajo. Se eleva sobre las piedras como la idea que triunfa sobre las dificultades.
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