Se perciben ya ambientes de otoño en este agosto parisino. En las calles de la capital y sus alrededores, los árboles ya han perdido sus hojas y éstas cubren ahora las aceras de París, señalando un cambio de estación prematuro. Deja desconcertados a los paseantes que esperaban un panorama mucho más verde, en pleno verano.
¿La razón de este curioso fenómeno? Sucesivas olas de calor. Éstas han activado diversos mecanismos de defensa en los árboles. Por un lado, la falta de agua impide que la savia circule por los vasos del árbol y, por tanto, que llegue a las hojas, que mueren. Por otro lado, en caso de sequía, la respiración se ralentiza. Como esto significa expulsar vapor de agua a través de las hojas, éstas se secan cuando el calor llega a su punto álgido y caen a su vez. Así es como las calles de París se adornan de hojas muertas.
Este fenómeno también puede tener un impacto más duradero en la salud de los árboles: como las hojas permiten la fotosíntesis, su caída temprana los hace más vulnerables para el próximo periodo invernal, y algunos pueden no sobrevivir a él.















