En pleno corazón de Brunoy, a orillas del río Yerres, se escondenunas extrañas piedras erigidas hace milenios. Llamadas «Pierres Frittes», siguen intrigando a curiosos y arqueólogos. Tres grandes piedras de varias toneladas están clavadas en la tierra desde tiempos inmemoriales, justo a la orilla del agua.
Las Pierres Frittes de Brunoy, discretamente enclavadas en la orilla izquierda del río Yerres, son muy reales. Se accede a ellas a pie, desde el centro de la ciudad, siguiendo un pequeño sendero sombreado. Sin embargo, este tranquilo escenario alberga un tesoro prehistórico: dos alineaciones de menhires, una llamada Talma y otra Haute-Borne, separadas por apenas un kilómetro.
Estos bloques de arenisca, erigidos sin mortero ni herramientas de hierro, atestiguan una ocupación humana muy antigua, probablemente del Neolítico. Pero su historia sigue envuelta en un velo de misterio: no se conoce su datación exacta ni su función. ¿Era un lugar ritual, un hito territorial, un observatorio solar? Los especialistas plantean varias hipótesis, sin llegar a una conclusión definitiva. Esta incertidumbre contribuye a la magia del lugar: cada uno proyecta en él un poco de su imaginación.
El propio nombre de estas piedras contribuye al misterio. «Frittes» —a veces escrito «Fittes»— proviene de una antigua palabra que significa «clavadas» o «plantadas». Otras versiones evocan la leyenda bíblica de Lot: se habría apodado a dos de las piedras «la mujer y la hija de Lot», convertidas en piedra por haberse vuelto hacia Sodoma. Una bonita forma de mezclar mito y geología.
En Brunoy, gusta contar que estas piedras «hablan» cuando sopla el viento o que cambian ligeramente de aspecto según las estaciones. Y aunque estas historias pertenecen sobre todo al folclore local, recuerdan hasta qué punto los menhires siempre han fascinado a los habitantes, hasta el punto de atribuirles un alma.
Hoy en día, las Pierres Frittes pueden observarse libremente. Clasificadas como monumentos históricos (la primera alineación desde 1889, la segunda desde 1977), se encuentran en parcelas accesibles a pie desde la orilla del Yerres. El sitio no está señalizado como un museo: hay que buscar un poco, seguir las orillas y dejar que la curiosidad guíe el paseo: uno de sus puntos de referencia será el puente Perronet. El lugar no está prohibido, pero merece ser respetado: no se permite grabar ni trepar por las piedras, por supuesto. Entonces se encontrará ante uno de los enigmas secretos de la región parisina.
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Ubicación
Piedras fritas de Brunoy
pierres frittes de brunoy
91800 Brunoy















