Una frustración bien conocida por los usuarios: con tan solo unos centímetros de nieve, los transportes en la región de París se descontrolan. Autobuses suspendidos, RER en ralentí, trenes cancelados… Mientras París se queda atascada, algunas grandes ciudades del norte de Europa parecen gestionar las mismas condiciones con sorprendente eficacia. Entonces, ¿por qué tanto caos aquí? Esta pregunta vuelve cada invierno, alimentando la irritación de los viajeros. La respuesta radica en una combinación de factores: climatología, infraestructura, estrategias de adaptación… y quizás también en una cultura del riesgo diferente.
Las redes de autobuses, tranvías, RER y trenes de cercanías deben enfrentarse a los fenómenos invernales: nieve, hielo y frío extremo. En las vías, la nieve y las heladas pueden acumularse, bloquear los cambiadores de vía, afectar los sistemas eléctricos (catenarias) y reducir la adherencia de los trenes. SNCF Réseau pone en marcha cada año el « dispositivo Grandes Fríos » (de diciembre a marzo) para intentar anticiparse y minimizar estos efectos, principalmente mediante el uso de equipos quitanieves y dispositivos antilluvia en los cables de contacto.
Aunque la gran ciudad de París recibe menos nieve que otras regiones, su red de transporte no está diseñada para las condiciones de las grandes ciudades nórdicas. Allí, la nieve es parte del día a día: los equipos están preparados, el personal capacitado y los protocolos de emergencia integrados en la gestión habitual del tráfico. En París, por el contrario, los episodios de nevada son escasos y poco predecibles, lo que obliga a una respuesta más reactiva que preventiva.
Los autobuses y tranvías son de los servicios más afectados en las condiciones adversas: carreteras resbaladizas, vías poco despejadas, congestiones… Durante fuertes nevadas, la RATP suele suspender la mayoría de las líneas. En 2018, apenas el 25 % de los autobuses lograron circular durante una intensa tormenta de nieve.
Las líneas de cercanías RER y los Transilien también se ven afectados, especialmente en los tramos en superficie. Los , las o el hielo en las catenarias ralentizan el tráfico, e incluso llegan a provocar paradas totales en algunos casos.
Por su parte, el metro de París, en su mayoría subterráneo, suele mantenerse intacto. La estabilidad de su temperatura y la protección contra las inclemencias del tiempo permiten que siga funcionando, con muy pocas excepciones.
Frente a estas vulnerabilidades, los operadores de la región de Île-de-France han implementado medidas específicas. Desde hace algunos años, la SNCF y la RATP refuerzan su coordinación con Météo-France, anticipándose a las nevadas mediante planes preventivos y movilizando equipamiento especializado (quitanieves, esparcidores de sal, productos anticongelantes). El plan « Gran frío » de la SNCF también contempla la vigilancia de infraestructuras sensibles como los cambios de vía y las catenarias.
Por otro lado, dentro de la estrategia nacional de adaptación al cambio climático, se están realizando estudios para fortalecer la resistencia de las redes de transporte ante eventos climáticos adversos, como heladas y nevadas. Estas acciones forman parte de una visión a largo plazo y reflejan una clara voluntad de evolución.
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