Flashback al París de la Belle Époque. El reloj da las doce y un enjambre de jóvenes elegantes y apresuradas sale de los talleres de costura, con el pelo secado al viento y la fiambrera bajo el brazo -su pequeño comedor casero-, en dirección a los bancos públicos de las Tullerías o a las soleadas aceras del barrio. Fue entonces cuando un periodista parisino, inspirado por la escena, les puso un apodo tan simpático como picante: una mezcla de "midi" + "dinette".
Alrededor de 1890, los obreros de Le Sentier y de otros lugares trabajaban duro en talleres tan estrechos y ventilados como una caja de zapatos. De ninguna manera iban a almorzar allí y arriesgarse a perfumar las telas con el olor de su comida, así que se fueron a comer fuera. Un pequeño bocadillo, algunos dulces y un poco de cotilleo entre amigas, todo engullido a toda prisa antes de volver a enhebrar las agujas.
Pero a medida que avanzaba el siglo XX,la palabra sesalió porla tangente. De "costurera con prisa a la hora de comer" pasó a ser "jovencita un poco golosa", un poco ingenua, aficionada a los romances baratos y los estribillos sensibleros. El sufijo "-ette" se mueve entre la ternura y la ironía.
Y sin embargo... Detrás de este aire de poesía ligera, las midinettes tenían un nervio. En 1917, 20.000 de ellas tomaron las calles de París para exigir un sábado por la tarde remunerado. En junio de ese año se aprobó una ley histórica.
En 1902, Clémence Jusselin, costurera y sindicalista antes de tiempo, abrió un restaurante cooperativo llamado ... ¡Les Midinettes ! La idea era permitir a las mujeres de la clase trabajadora comer caliente sin arruinarse ni tirarse en los bancos.
De un bonito nombre inventado en una acera parisina,"Midinette" se ha convertido en un símbolo de dos caras: juventud trabajadora a la hora de comer, fantasía romántica por la noche. Y detrás de la imagen azucarada, una verdadera fuerza social cosida a mano.















