En el interior de la Ópera Garnier se esconde un verdadero mundo invisible. Escena monumental, maquinarias, camerinos reservados para los artistas, talleres y misteriosa reserva de agua subterránea... Las coulisses del Palacio Garnier cuentan una historia tan fascinante como el propio edificio. Pero ¿se pueden realmente visitarlas?
Cada año, cientos de miles de visitantes atraviesan las puertas de la ópera para contemplar su gran escalera de mármol, su Gran Vestíbulo inspirado en la Galería de los Espejos de Versalles y su célebre techo, ejecutado por Marc Chagall en 1964. Sin embargo, estos espacios prestigiosos no representan más que una parte del monumento.
Detrás de los decorados del Segundo Imperio se despliega un universo oculto donde trabajan a diario bailarines, músicos, tramoyistas, diseñadores de vestuario, atrezistas, peluqueros, electricistas y regidores. Verdadera colmena, el Palais Garnier está concebido como una inmensa máquina para producir espectáculos.
Sus entresijos, casi tan amplios como las zonas de acceso público, testimonian el genio arquitectónico de Charles Garnier y la evolución de las técnicas del espectáculo desde hace casi 150 años. Como turista, ¿qué se puede visitar exactamente?
La historia de la Ópera Garnier se remonta a 1861, cuando Napoleón III impulsa un concurso para erigir una nueva casa de ópera a la altura de la capital. Contra pronóstico, gana el proyecto un joven arquitecto todavía poco conocido, Charles Garnier. Tras quince años de obras, el edificio se inaugura en 1875. Detrás de su decorado exuberante, lleno de mármoles, de dorados y de esculturas, Garnier concibe un inmueble tan espectacular como eficiente.
Todo está concebido para facilitar los desplazamientos de los artistas, de los decorados y del personal, al mismo tiempo que se separan los distintos públicos según su estatus social, tal como imponía la etiqueta de la época. La ópera está así organizada en varios universos : los espacios de representación, los salones reservados para el público, los vestíbulos de los artistas y un vasto conjunto de locales técnicos invisibles desde la sala.
El corazón de los bastidores no admite dudas: es el propio escenario. Con unas dimensiones excepcionales, figura entre los escenarios históricos más amplios de Europa. Detrás del telón rojo se esconde una imponente red de pasarelas, de bajos de escena, de trampillas, de montacargas y de dispositivos que permiten cambiar rápidamente los decorados.
En el siglo XIX, estos mecanismos funcionaban principalmente gracias a sistemas de contrapesos, poleas y máquinas accionados por equipos de machinistas. Hoy, modernizados, estos equipos siguen desempeñando un papel esencial en la puesta en escena de óperas y ballets. ¡Permiten mover en cuestión de minutos decorados que a veces pesan varias toneladas!
Entre los lugares más célebres de los bastidores figura el Foyer de la danse. Ubicado detrás del escenario, este espacio estaba reservado para las bailarinas durante los intermedios. En el siglo XIX, también era un punto de encuentro muy codiciado por los abonados adinerados de la Ópera, autorizados a acceder gracias a un privilegio concedido por la institución.
Este sistema, hoy ya obsoleto, ha inspirado ampliamente a los pintores impresionistas, en particular a Edgar Degas, quien inmortalizó a las bailarinas de la Ópera en varias de sus obras más célebres.
Si hay un lugar que alimenta todas las leyendas, es sin duda el famoso "lago subterráneo" de la Ópera Garnier. La realidad, sin embargo, difiere del mito popularizado por El fantasma de la ópera, la novela de Gaston Leroux publicada en 1910. Durante las obras, los obreros se toparon con una napa freática especialmente abundante.
Para estabilizar los cimientos, Charles Garnier mandó construir una enorme cisterna de mampostería llena de agua, destinada a equilibrar las presiones y a drenar las infiltraciones. Esta reserva todavía existe. Es utilizada con regularidad por la Brigada de Bomberos de París para ejercicios de inmersión, pero no se parece al gran lago navegable que suele imaginarse por el público en general.
Aunque una parte importante de la fabricación de los decorados se realiza hoy en los talleres Berthier, otros espacios técnicos permanecen en el Palacio Garnier. Los trajes se cuidan con extremo detalle, los accesorios se preparan antes de cada representación y las equipos técnicos coordinan la iluminación, la maquinaria, los cambios de escenografía y la seguridad de los espectáculos.
Es sencillo: cada representación moviliza a varios cientos de profesionales, gran parte de los cuales trabajan en estos espacios invisibles para el público!
La respuesta es sí… pero solo en parte. El Palacio Garnier está abierto todo el año para visitas libres o guiadas, permitiendo descubrir los principales espacios históricos: la Gran Escalera, el Gran Vestíbulo, los salones, la biblioteca-museo (según las condiciones de apertura) así como la sala de espectáculos, cuando las repeticiones o las representaciones lo permitan.
Por su parte, los verdaderos bastidores (el escenario, las bambalinas, las tramoyas, las camerinos, los talleres técnicos o incluso el vestíbulo de la danza) no suelen formar parte del recorrido de la visita. Estos espacios siguen reservados para los artistas y para el equipo técnico, con el fin de garantizar el correcto desarrollo de las producciones y la seguridad del recinto.
En contadas ocasiones, visitas o eventos excepcionales pueden dar acceso a algunos de estos espacios, pero, lamentablemente, no se ofrecen de forma regular al gran público.
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Ubicación
Ópera de París - Palais Garnier
8 Rue Scribe
75009 Paris 9
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Metro: estación Opéra (líneas 3, 7 u 8) Auber (RER A)
Sitio web oficial
www.operadeparis.fr
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