Si sueles caminar con la vista fija en tu teléfono o en las fachadas haussmannianas, probablemente los has pasado por alto. Sin embargo, son 135 en total. Discretos, redondos y fundidos en bronce, los medallones de Arago adornan París de norte a sur, desde la Porte de Montmartre hasta la Cité Universitaire. ¿Pero qué hacen allí?
Todo empieza en 1994. Para conmemorar el bicentenario del nacimiento de François Arago (astrónomo, físico y figura política comprometida), el artista neerlandés Jan Dibbets concibe un monumento... al revés. En lugar de levantar otra estatua en un pedestal, decide depositar pequeños tesoros en el suelo, a lo largo de una línea imaginaria de 9 kilómetros que atraviesa la ciudad.
Esta línea corresponde al Meridiano de París. Antes de que la hora de Greenwich se impusiera como estándar mundial en 1911, era este meridiano el que utilizaban marinos y científicos franceses para determinar las longitudes.
Cada medallón mide 12 centímetros de diámetro y lleva el nombre "ARAGO", además de las referencias hacia el Norte y el Sur. La gracia de esta señalización radica en su carácter aleatorio: se puede encontrar en medio de la calle Rivoli, en las aceras del Barrio Latino o incluso dentro del Museo del Louvre.
Por ejemplo, puedes encontrarlas en el ala Richelieu del museo, en el Palacio Real, en la calle Lepic, en el Jardín del Luxemburgo o en la avenida del Observatorio, con la ventaja de tener en frente una estatua en honor a un físico, en el parque Montsouris. ¡Solo hace falta encontrar dos para trazar toda la línea a lo largo de la capital!
De los 135 medallones originales, muchos han sido robados o retirados durante obras de urbanización. Esta escasez hace que la búsqueda sea aún más fascinante. Es el paseo ideal para quienes desean recorrer París en línea recta, lejos de las rutas turísticas habituales. ¿Lo sabías? Estos medallones desempeñan un papel clave en la novela El Código Da Vinci de Dan Brown, donde se les llama la "Línea Rosa".















