Por la zona de Porte de Champerret, en el distrito 17 de París y en los límites de Levallois-Perret, el Rennequin es un bistró que apuesta por un regreso a las raíces, para complacer a los puristas. Aquí, se puede disfrutar de una cocina tradicional que rinde homenaje a la gastronomía francesa, con una mención especial para las famosas pommes Dauphine, la especialidad de la casa.
Una dirección casi anacrónica que nos sumerge en un ambiente familiar, incluso la primera vez que la visitamos. Y no es de extrañar,
Le Rennequin es uno de esos lugares que mantienen viva la tradición del
bistrot, recordándonos los grandes clásicos de la gastronomía parisina. La carta celebra el terroir francés con platos emblemáticos como los huevos mayo, la salchicha con puré... pequeños placeres que seguramente conquistarán a los amantes de la buena vida en la capital.
La propuesta aquí es ofrecer sabores auténticos, preparados con ingredientes frescos de productores locales, para (re)descubrir ese carácter tradicional que hace la diferencia. Para quienes buscan refugiarse en los clásicos, este lugar es una apuesta segura. Por otro lado, los amantes de la cocina ousada y sorprendente podrían considerar que este sitio es un tanto convencional.
Sin embargo, aunque la innovación no sea la característica principal del restaurante, sorprende ofrecer algunos platos más atrevidos que otros, como un puré de tupinambo acompañado de una espuma de foie gras, o incluso una sharoshi de ala de raya.
El menú es limitado y se adapta según la temporada y las ganas del momento: ese es el principio aquí. Así, es probable que en cada visita haya pequeños cambios en la carta. Además, cada día se presenta un plato especial y un postre del día; en el Rennequin, la rutina no deja mucho tiempo para instalarse.
El plato estrella del menú son las patatas dauphine, que se sirven como entrante o en guarnición. Con una capa casi crujiente y tostada, y un corazón muy cremoso, es fácil entender su popularidad. Además de esta especialidad, el Rennequin nos sorprende con platos cuidadosamente presentados cuyo estándar de calidad habla por sí solo.
Los corazones de puerros tiernos y jugosos en entrada nos han permitido comenzar esta degustación con notas de frescura. También aprobamos los
huevos con mayonesa, con su mayonesa de mostaza de Meaux muy ligera y acompañados de cacahuetes. Las porciones son justas, sin la frustración de quedarnos con poco, y nos aseguran suficiente espacio para disfrutar de los demás platos.
Una mención especial también para la pieza del carnicero, con un
solomillo cuyo
punto de cocción en jugoso ha sido perfectamente controlado, acompañado de las famosas pommes dauphine y una salsa de pimienta que, una vez más, resulta muy sabrosa sin esconder las demás tonalidades de sabor.




De postre, difícil resistirse a un bizcocho de chocolate con centro líquido, acompañado de una nata poco dulce pero muy aromática a vainilla. Ese día, por una feliz casualidad, la crema fue acompañada de una semilla de Tonka, que habitualmente se usa en la crème brûlée: ¡un resultado todavía más indulgente!
Para el menú del mediodía, se debe presupuestar alrededor de 25€ por una opción de entrada y plato o plato y postre (32€ si se opta por la opción de entrada, plato y postre). Por la noche, se puede elegir a la carta, y la relación calidad-precio permite mantener un buen control del presupuesto: tanto las entradas como los postres suelen costar no más de 10€, mientras que los platos rondan los veinte euros. Además, se agradece el precio único de 7€ por copa, que invita a dejarse aconsejar con confianza y disfrutar sin preocupaciones.
Esta prueba se realizó como parte de una invitación profesional. Si su experiencia es diferente a la nuestra, por favor, infórmenos.